Vicente Lopez

No andaba el ascensor, y caminé por las escaleras. La fui a buscar a Annie para que me acompañe a comprar comida. Me confundí de row y tuve que caminar para atrás. Cuando la encontré ya estaba lista, así que caminamos por las escaleras hasta la puerta redonda. Caminamos hasta la panadería pero estaba cerrada, así que caminamos hasta el kiosco donde me compré un chegusan de lechuga y huevo y una Gatorade Green Mango (OH SI). El pibito del kiosco caminaba en círculos mientras nos vendía todos los productos del mostrador, como una pulsera antimosquitos y un huevito Kinder con cucharita, para mí que se había tomado un bigote, o dos, justo recién.
Caminamos hasta el ombú más viejo de la costa de Urquiza y el Río. Caminamos por sus ramas hasta sentarnos y charlar un rato acerca de todo lo que habíamos caminado.
Terminamos la comida y caminamos para encontrar un punto de sol. Caminamos al lado de un lago miniatura adonde unos pajaritos estaban refrescándose. También caminamos al lado de un hombre que tenía las tetas mas grandes que nosotras dos juntas y estaba bronceado, y caminamos al lado de un camino de cemento. Decidimos acostarnos en un pasto sin pinches para tomar sol y caminar con la mente.
Cuando terminó nuestra hora (hora y media) de almuerzo, caminamos hasta la puerta del edificio, caminamos por las escaleras, y caminamos hasta nuestro puesto de laburo.
Que lindo es trabajar al lado del río.

Marita

1 comentario:

and she was dijo...

ooohhhhhh siiii
la vita é bella!