En un arrebato de impulsividad me escapé por la ventana del boliche. Le pegué una patada en los huevos a un chabón que se quizo avalanzar sobre mí y emprendí la caminata hacia los bosques de palermo. Se nota que está en el medio de la ciudad porque el camino es de cemento, y se escucha el ruido de los autos de la calle Sarmiento a toda hora. Los árboles tapan la vista, entonces se convierte en una aventura.
Un grupo de rugbiers borrachos vienen corriendo y gritando en un idioma básico. Se ponen en círculo y comienzan a rondarme. Me gritan obsenidades en un idioma que sigue siendo básico. Yo me quedo parada, fumando pitadas largas y ásperas, mirando al gordo líder con cara de superada. Ellos siguen corriendo en círculo, básicos.
Dos hombres altos y curtidos caminan hacia el quilombo. Los espantan con un par de palabras, como si fuesen pájaros. Me cagan a pedos. Me dicen que no puedo caminar sola a estas horas por los bosques de Palermo. Yo les digo canchera, que si me tocaban un pelo arrancaba una rama del bosque y se las metía por el orto.
Sigue la caminata. Me charlan los dos hombres. Uno es amigo de Kike, estuvimos hablando en el boliche. Me cuentan que tienen que ir hasta Julián Alvarez. Yo voy cerca así que seguimos caminando juntos. En el medio del camino aparece un banco de plaza. Se sientan y se prenden un porro. Yo los acompaño, fumo una pitada nada mas, después de eso puedo quedar mogólica y dejar de hablar, soy débil, con la marihuana soy débil. Les cuento que tengo una banda y los invito a verme. Me acuerdo de la patada en los huevos. Hago una llamada. Los saludos, les doy las gracias por defenderme de los rubgiers. Ahora hago todo el camino de vuelta, pero para atrás.
Mara Kosac
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario