me duelen
los vampiros
Pasos y miradas torpes
fijate el cielo
fijate las piedritas
El pasto me tapa la vista
y no puedo mirar
más
que el laguito.
De vez en cuando
se asoma un dragón
naranja
pidiendo migas
de pan
Me cago de risa
ni sé de qué
pero camino por el borde
y me asomo
a mi reflejo
vuelvo corriendo
hace frio
pero el camino
es un hogar
calentito
La cerveza
caliente
pero rica
fijate el cielo
fijate las piedritas
El pasto me tapa la vista
y no puedo mirar
más
que el laguito.
De vez en cuando
se asoma un dragón
naranja
pidiendo migas
de pan
Me cago de risa
ni sé de qué
pero camino por el borde
y me asomo
a mi reflejo
vuelvo corriendo
hace frio
pero el camino
es un hogar
calentito
La cerveza
caliente
pero rica
Hoy
Durante la caminata del domingo, luego de almorzar, Don Skiuf estaba deprimido. No miraba a las mascotas disfrutar de los espacios verdes como solía hacerlo siempre, ni disfrutaba del cantar de los pájaros. Lo que más le gustaba, era salir a caminar después de comer con sus nietos, y lo estaba haciendo pero no lo disfrutaba. Lo más chicos, no lo notaron para nada. Estaban envueltos en alegría y distracción comercial. El mayor de los nietos se acerco a Don Skiuf y le pregunto. “¿Que le anda pasando abuelo? Ya no tiene esa sonrisa que solía tener domingos atrás. ¿Se siente mal?”.
El abuelo Skiuf mientras avanzan, lo mira y le dice, “Tranquilo nene, que no tengo nada. Solo acabo de encontrar un muy buen consejo para darte. Escuche lo que hablabas con tu madre, mientras juntaban la mesa”.
El nieto lo mira sorprendido y lo abraza. “¿Qué tenes que decirme abuelo?”. El abuelo nuevamente lo mira y le responde cantando “solo hay que querer, querer para poder, poder sin temer, temer sin dudar, dudar sin detener. Detener el tiempo y solo ser”.
El nieto deja de abrazarlo y continúan caminando en silencio.
rusq.
El abuelo Skiuf mientras avanzan, lo mira y le dice, “Tranquilo nene, que no tengo nada. Solo acabo de encontrar un muy buen consejo para darte. Escuche lo que hablabas con tu madre, mientras juntaban la mesa”.
El nieto lo mira sorprendido y lo abraza. “¿Qué tenes que decirme abuelo?”. El abuelo nuevamente lo mira y le responde cantando “solo hay que querer, querer para poder, poder sin temer, temer sin dudar, dudar sin detener. Detener el tiempo y solo ser”.
El nieto deja de abrazarlo y continúan caminando en silencio.
rusq.
Vicente Lopez
No andaba el ascensor, y caminé por las escaleras. La fui a buscar a Annie para que me acompañe a comprar comida. Me confundí de row y tuve que caminar para atrás. Cuando la encontré ya estaba lista, así que caminamos por las escaleras hasta la puerta redonda. Caminamos hasta la panadería pero estaba cerrada, así que caminamos hasta el kiosco donde me compré un chegusan de lechuga y huevo y una Gatorade Green Mango (OH SI). El pibito del kiosco caminaba en círculos mientras nos vendía todos los productos del mostrador, como una pulsera antimosquitos y un huevito Kinder con cucharita, para mí que se había tomado un bigote, o dos, justo recién.
Caminamos hasta el ombú más viejo de la costa de Urquiza y el Río. Caminamos por sus ramas hasta sentarnos y charlar un rato acerca de todo lo que habíamos caminado.
Terminamos la comida y caminamos para encontrar un punto de sol. Caminamos al lado de un lago miniatura adonde unos pajaritos estaban refrescándose. También caminamos al lado de un hombre que tenía las tetas mas grandes que nosotras dos juntas y estaba bronceado, y caminamos al lado de un camino de cemento. Decidimos acostarnos en un pasto sin pinches para tomar sol y caminar con la mente.
Cuando terminó nuestra hora (hora y media) de almuerzo, caminamos hasta la puerta del edificio, caminamos por las escaleras, y caminamos hasta nuestro puesto de laburo.
Que lindo es trabajar al lado del río.
Marita
Caminamos hasta el ombú más viejo de la costa de Urquiza y el Río. Caminamos por sus ramas hasta sentarnos y charlar un rato acerca de todo lo que habíamos caminado.
Terminamos la comida y caminamos para encontrar un punto de sol. Caminamos al lado de un lago miniatura adonde unos pajaritos estaban refrescándose. También caminamos al lado de un hombre que tenía las tetas mas grandes que nosotras dos juntas y estaba bronceado, y caminamos al lado de un camino de cemento. Decidimos acostarnos en un pasto sin pinches para tomar sol y caminar con la mente.
Cuando terminó nuestra hora (hora y media) de almuerzo, caminamos hasta la puerta del edificio, caminamos por las escaleras, y caminamos hasta nuestro puesto de laburo.
Que lindo es trabajar al lado del río.
Marita
llueve.
un dia, de lluvia, se puso sus botas y salio a caminar.
vive en una ciudad, donde las calles son de tierra. de barro cuando llueve.
y camino por entre los charcos, esquivando piedras, pisando otras que le ayudaban a no mojarse los pies.
la lluvia caia finita, era mas como agua suspendida en el aire.
fumó, exhaló el humo despacio... mirandolo subir. otras bocanadas las convirtio en redondeles. otras las aguanto un largo rato, hasta sentir que se ahogaba.
cuando le pico la garganta, lo apagó en un charquito. y lo guardo para mas tarde.
siguio caminando, y vio verde, todo verde. siempre tuvo ganas de irse, pero sigue acá.
entonces pensó, que por algo está acá. pero todavia no sabe porqué. capaz porque le gusta el verde.
pensó en su amor. y dudó. siempre se preguntó si su amor era porque era su amor, o era porque es lo que encontró.
levantó su cabeza, y el cielo negro se quejaba. gruñia grave, lento, poderoso y lejano.
pesado. húmedo. mojado. seco. que vida seca. fuego, otra seca, otra pregunta.
tantas preguntas sin respuestas.
ani vigier.
vive en una ciudad, donde las calles son de tierra. de barro cuando llueve.
y camino por entre los charcos, esquivando piedras, pisando otras que le ayudaban a no mojarse los pies.
la lluvia caia finita, era mas como agua suspendida en el aire.
fumó, exhaló el humo despacio... mirandolo subir. otras bocanadas las convirtio en redondeles. otras las aguanto un largo rato, hasta sentir que se ahogaba.
cuando le pico la garganta, lo apagó en un charquito. y lo guardo para mas tarde.
siguio caminando, y vio verde, todo verde. siempre tuvo ganas de irse, pero sigue acá.
entonces pensó, que por algo está acá. pero todavia no sabe porqué. capaz porque le gusta el verde.
pensó en su amor. y dudó. siempre se preguntó si su amor era porque era su amor, o era porque es lo que encontró.
levantó su cabeza, y el cielo negro se quejaba. gruñia grave, lento, poderoso y lejano.
pesado. húmedo. mojado. seco. que vida seca. fuego, otra seca, otra pregunta.
tantas preguntas sin respuestas.
ani vigier.
Búsqueda
Viento en la cara, naturaleza, temperatura agradable y un pucho solitario. Es todo lo que busca. Ella no espera encontrar el amor de su vida, ni unos lindos zapatos en alguna vidriera. Ella solo quiere caminar. Si se lo propusiera y no tendría que pagar los gastos de su vida mes por mes, podría llegar caminado hasta donde quiera. Su lugar es uno, al instante otro.
rusq.
rusq.
A la salida del choboli
En un arrebato de impulsividad me escapé por la ventana del boliche. Le pegué una patada en los huevos a un chabón que se quizo avalanzar sobre mí y emprendí la caminata hacia los bosques de palermo. Se nota que está en el medio de la ciudad porque el camino es de cemento, y se escucha el ruido de los autos de la calle Sarmiento a toda hora. Los árboles tapan la vista, entonces se convierte en una aventura.
Un grupo de rugbiers borrachos vienen corriendo y gritando en un idioma básico. Se ponen en círculo y comienzan a rondarme. Me gritan obsenidades en un idioma que sigue siendo básico. Yo me quedo parada, fumando pitadas largas y ásperas, mirando al gordo líder con cara de superada. Ellos siguen corriendo en círculo, básicos.
Dos hombres altos y curtidos caminan hacia el quilombo. Los espantan con un par de palabras, como si fuesen pájaros. Me cagan a pedos. Me dicen que no puedo caminar sola a estas horas por los bosques de Palermo. Yo les digo canchera, que si me tocaban un pelo arrancaba una rama del bosque y se las metía por el orto.
Sigue la caminata. Me charlan los dos hombres. Uno es amigo de Kike, estuvimos hablando en el boliche. Me cuentan que tienen que ir hasta Julián Alvarez. Yo voy cerca así que seguimos caminando juntos. En el medio del camino aparece un banco de plaza. Se sientan y se prenden un porro. Yo los acompaño, fumo una pitada nada mas, después de eso puedo quedar mogólica y dejar de hablar, soy débil, con la marihuana soy débil. Les cuento que tengo una banda y los invito a verme. Me acuerdo de la patada en los huevos. Hago una llamada. Los saludos, les doy las gracias por defenderme de los rubgiers. Ahora hago todo el camino de vuelta, pero para atrás.
Mara Kosac
Un grupo de rugbiers borrachos vienen corriendo y gritando en un idioma básico. Se ponen en círculo y comienzan a rondarme. Me gritan obsenidades en un idioma que sigue siendo básico. Yo me quedo parada, fumando pitadas largas y ásperas, mirando al gordo líder con cara de superada. Ellos siguen corriendo en círculo, básicos.
Dos hombres altos y curtidos caminan hacia el quilombo. Los espantan con un par de palabras, como si fuesen pájaros. Me cagan a pedos. Me dicen que no puedo caminar sola a estas horas por los bosques de Palermo. Yo les digo canchera, que si me tocaban un pelo arrancaba una rama del bosque y se las metía por el orto.
Sigue la caminata. Me charlan los dos hombres. Uno es amigo de Kike, estuvimos hablando en el boliche. Me cuentan que tienen que ir hasta Julián Alvarez. Yo voy cerca así que seguimos caminando juntos. En el medio del camino aparece un banco de plaza. Se sientan y se prenden un porro. Yo los acompaño, fumo una pitada nada mas, después de eso puedo quedar mogólica y dejar de hablar, soy débil, con la marihuana soy débil. Les cuento que tengo una banda y los invito a verme. Me acuerdo de la patada en los huevos. Hago una llamada. Los saludos, les doy las gracias por defenderme de los rubgiers. Ahora hago todo el camino de vuelta, pero para atrás.
Mara Kosac
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